CORAZÓN DE CHOCOLATE

Foto by: Dani Camacho

En las grandes causas como en el amor hay días duros en que suceden cosas que nos roban la esperanza y nos parten el corazón. Esta es la historia de una mala noche, una desilusión y una de esas madrugadas en las que amaneces con el corazón roto y está lloviendo, ¡que cliché!

Pero sobre todo es la historia de la caja de corazones de hojaldre con borde de chocolate q me regaló mi Papá. En cuanto a mi corazón partido pueden ponerle el motivo que quieran, eso ya no importa, lo que importa es que después del robo tenía la confianza y los sueños lastimados con criterios suficientes para ser internados urgentemente en cuidados intensivos, pero lo que importa aún más que eso es lo q pasó después, lo que pasó cuando decidí salir de mi casa rumbo a una reunión con la vida, con la cara aún llena de lágrimas, vistiendo un saco caliente, cómodo, grande y negro que combinaba perfecto con mi ánimo y mi bolso, bolso en el cual metí la caja de corazones de hojaldre con borde de chocolate q me regaló mi Papá.

Bueno, debo admitir que mi intención al poner esa caja en el bolso realmente era llevar algo para compartir en la reunión, es una costumbre que disfruto ejercitar.

Mi reunión se transformó en un desayuno, la primera parada fue en el puesto de la esquina donde dos señoras pelaban fruta: mango, banano y papaya, entonces escuche la frase «En la vida hay que dar más papaya», y esa fue la primera de muchas frases importantes que escuche ese día, palabras que se fusionaron al final del día fabricando un ungüento para sanar el corazón.

Así que mientras yo pensaba en esa frase y en cómo «dar papaya» me había ubicado en el lugar perfecto para que me robaran algo muy valioso, saque mi caja de corazones de chocolate y les ofrecí a todos los desconocidos q estaban en esa esquina de la calle. Así transcurrió la mañana, hicimos varias paradas y cada persona que nos encontramos en el camino recibió un corazón de chocolate, no todos los corazones de la caja estaban en perfectas condiciones, algunos estaban partidos por la mitad, y otros en mil pedazos, pero ninguna persona puso problema, todos sonreían al recibirlo.

Sin embargo, yo en absoluto estaba pensando en los corazones de chocolate, yo iba pensando en la premura de diseñar algún método eficaz para contener las lágrimas, porque mis lágrimas parecen tener una voluntad propia además de inoportuna.

El día fue largo y parecía todo girar alrededor de ese único tema, y yo como un náufrago aferrado a su única tabla salvavidas repetía insaciablemente en mi mente un mantra: ¿Que es lo bueno de todo esto? ¿Que es lo bueno de todo esto?

Bueno, así que saque una lista de cosas buenas, sí esto fuera una emisora sería algo así como el Top 10 de cosas buenas después que usted fue atracado:

1. ¡En la vida hay que dar papaya, así algunas veces nos atraquen!

No podemos castigarnos por confiar, la solución no es volverse desconfiados, la solución es que nos enseñemos los unos a los otros a ser confiables, a no lastimarnos, para mí se acabaría la vida si tuviera que ir por la calle con el bolso abrazado 24/7 de forma paranoica.

2. Aprendí que muchas veces una situación traumática nos lleva a generalizar y es más peligrosa la generalización que el peligro original. Que aunque algunas veces haya salido mal no significa que siempre será así, o que todos son iguales. Tal vez fue solo esta persona, o tal vez solo fue esa persona en esta situación, tal vez aunque la posibilidad sea mínima fue un mal entendido y creyó que mi bolso era suyo, tal vez él necesitaba eso que me robó más que yo, tal vez yo necesitaba ser robada para aprender algo bueno. Tal vez hay mil variables que contemplar y al fin y al cabo son tan infinitas y que no puedo permitirme generalizar.

3. Me gusto el nuevo mantra que aprendí: «que bueno puedo sacar de esto?» Lo seguiré aplicando

4. ¿Recuerdan la historia que les conté de los cartuchos rosados y Joaquín? Aprovecho para contarles q todas estas historias que cuento en Activistas son reales, porque algunos de ustedes me preguntaron si Joaquín era real y si lo es, y su historia y sus flores también.

Bueno, así como Joaquín yo sigo queriendo darlo todo, absolutamente todo, no sé cómo lo hizo el, confieso que para mí sigue siendo un reto principalmente por el miedo, pero seguiré intentando aprenderle, creo que Joaquín nos dio los cartuchos rosados para vernos sonreír, y yo entregué mi corazón de chocolate por la misma razón, se me ocurre q tal vez en la sonrisa del otro este la respuesta

5. Que todos los seres humanos somos luz y oscuridad, y debemos aceptar nuestra oscuridad para q la luz brille.

Así que el día que sea yo quien robe la ilusión de otro, así sea sin intención, yo quisiera intentar repararla, creo q aceptar mi oscuridad ayudaría a que mi luz y la del otro brille más.

6. Aprendí que las heridas del alma se curan con ungüentos fabricados de buenas palabras, y estas solo las pueden pronunciar los grandes amigos, las personas que en realidad nos quieren, por eso es tan importante escoger bien los amigos, porque son ellos los que harán el papel de doctores en los momentos de enfermedad, y uno siempre quiere la mejor unidad de cardiología del planeta, créanme que lo que uno menos quiere es estar enfermo y acercarse a un mal médico que le termine de «joder» el corazón

7. Que soy yo quien escojo cada día si ser confiado y confiable, o desconfiado y desconfiable (aunque esta última palabra no estoy segura que exista, pero debería)

8. Aprendí que en los días tristes no debemos manejar el carro muy lejos, porque nos podemos quedar sin batería después de estar horas parqueados con las luces prendidas y varados en medio de una carretera desolada a 30 kilómetros de Bogotá. Pero aun así, pasan por la carretera extraños que te ayudan y te reinician el carro y la vida, y de nuevo aprendes que la mayoría de la gente es buena

9. Dios. En el top esta de noveno porque lo escribí por orden cronológico de aprendizajes pero es la lección más importante de las 10 y la que siempre es el número uno en mi vida. Ayer mi amiga Andrea Enciso, me invitó por primera vez al Santísimo a orar. Bueno, en el Sagrario volví a recordar cuán grande es el amor de Dios por nosotros y que es Él la fuente proveedora que no permite que se acaben nunca los corazones de mi caja

10. Y como décimo la conclusión: aprendí que en la vida quiero darle mi corazón de chocolate a todo el mundo, así unas veces venga completo y otro roto, porque al final las personas: el celador, las señoras del puesto de frutas, la vecina y las personas de la cafetería sonrieron y me gusta pensar que fue porque estaban también buscando alguien q les compartiera un corazón de chocolate.

AUTOR
Karen Manrique Aristizabal

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