UN PERFECTO CAOS

UN PERFECTO CAOS | Activistas Constructivos

Foto by: Dani Camacho

La idea de ir a cenar con los niños de una Fundación nace charlando. “Charlar” , es esa es la expresión que usaba mi abuelito Arcesio para definir ese momento que ahora encuentro mágico e infinitamente poderoso, donde compartes una colección de palabras, ideas, emociones, lágrimas y risas, y al final, sin planearlo, te das cuenta que diste el permiso implícito para que otro ser humano conozca tus grises y tus colores, y recibes como recompensa conocer los suyos.

Así que la idea de ir a cenar con los niños de una fundación fue el resultado de una fascinante charla, con un fascinante hombre. Un hombre al que le mostré mis grises y me mostró sus colores, un hombre que cuando hablaba de servicio su tono de voz cambiaba, sus ojos lucían aún más amarillos y tuve esa extraña sensación de que su frecuencia cardiaca cogió pista y aceleró. Fue su pasión por el servicio la que me impulsó esta vez a hacer este voluntariado.

El plan era simple, contactar alguna fundación que tuviera chiquitines internos e ir a prepararles algo de comer y compartir con ellos. En resumen, cenar y charlar, pero de una forma especial, en un lugar especial, con un significado profundamente especial.

Y es que acaso ¿Que mejor lugar para charlar de servicio que sirviendo?

Todo estaba listo y planeado con mucha emoción por nosotros dos. Haríamos perros calientes, es fácil, practico y rico. Además, requería de cierto ingrediente de trabajo en equipo que considero delicioso.

Pero faltaba algo, había una pregunta que aún no se había resuelto en la charla, tal vez la pregunta más importante en estos casos ¿Que podíamos hacer para que los niños fueran realmente felices con nuestra visita?

Una pregunta que me daba vueltas en la cabeza una y otra vez…

¿Será que una actividad? Inmediatamente pensé en mi novio: Alex es maravilloso con los niños, tiene una habilidad innata para relacionarse con ellos, amé verlo en su rol de tío jugando “congelados” con su sobrino de 5 años, además cuando pasamos navidad en Choco fue quien tomó el liderazgo de las actividades recreativas con decenas de niños y logró hacer reír a carcajadas a chiquitos con quienes era realmente difícil hablar y más hacer reir.

¿Recuerdan los videos que publique de Alex jugando con los niños en Choco?

¡Son mi recuerdo favorito de ese viaje!

Así que llame a Alex a pedir consejo, y el, cómo todo un experto en el tema, me explico un par de actividades, pero honestamente me sentí incapaz de hacerlas, así que colgué frustrada. ¿Por qué para él era tan fácil y para mí no? ¿Será que no tengo habilidad con los niños? ¡Seguí pensando… ya se! Necesitamos contratar un recreador profesional, la idea sólo sobrevivió dos minutos y la descarté rápidamente, hubiera sido muy extraño. Tenía que pensar mejor.

La pregunta me asechaba, parecía tener vida propia: ¿Que podemos hacer para hacer realmente felices a los niños durante nuestra visita? Fallé repetida y contundentemente, no tenía la respuesta, concluí que era falta de experiencia, no tuve hermanos, no hay niños en mi familia, ya todos somos adultos, de hecho, se me da muy bien trabajar con adultos, ¿pero niños? Mi conclusión fue que ese software no estaba instalado en mi disco duro.

Urgía cambiar el método: si “mi yo adulta” no sabía, tal vez “mi yo niña” me podía ayudar. Entonces remplace la pregunta: ¿Cuándo yo era niña que era lo que más me hacía feliz en todo el mundo? La respuesta vino a mí de inmediato: ¡los perritos!

No había objeto o actividad en el mundo que me gustara más que consentir un perrito.

¡Así que estaba decidido, llevaría a Domino, el perrito más dulce de mi familia, complicaba un poco la logística, pero valía la pena!

Ahora si todo estaba completo, perfectamente planeado, teníamos los ingredientes de los perros calientes, a Domino y seguramente mi nuevo amigo era bueno con los niños porque tiene hijos, así que todo bajo control.

Pero Dios es creativo para transmitir sus lecciones de vida y no desaprovecha oportunidad alguna para recordarnos que nunca hay nada bajo control, así que este hombre, a pesar de tener muchísimas ganas de ir, no pudo asistir por temas laborales.

De repente me encontraba sola, en un Uber, rumbo a la Fundación llena de bolsas con mercado y un perrito. Fue ahí cuando por segunda me quedé en blanco, y di inicio a una de mis clásicas conversaciones entre yo y mi misma:

– “¿Y ahora? 

-Calma, no te asustes, son niños, es fácil. 

-Pero si es tan fácil ¿Porque estoy asustada? 

– ¿Será que no soy buena con los niños? ¿Y si no les caigo bien? 

-Es tarde ¿Y si están dormidos? ¿Y si yo los aburro y se duermen más? Finalmente soy solo yo haciendo perros calientes ¿Que de especial puede haber en verme a mi hacer perros calientes?

– ¿Llamo a Alex a que me rescate? Estoy segura que el vendría. Pero está muy lejos no lo va a lograr hay mucho tráfico. Alex seguro va a ser un gran papá… y ¿si yo no voy a ser una buena mamá? Ay por Dios, ¿Será que no voy a ser buena mamá? Dios mío ¿será mejor no ser mamá? ¿Y si literalmente no puedo ser Mamá? 

-Bueno, tampoco me gusto ser niña, desde pequeña me portaba como una adulta, no tuve hermanos, ni tampoco muchos amigos de pequeña. Ser niña no fue fácil para mi, me sentía fea y sola. ¿Será por eso que me gustaban tanto los perritos…?”

Y me empecé a enredar y enredar en mis pensamientos…

¡Que inconsciente tan raro se manifestaba en mí, ahora resulta que tenía miedo de la niñez y de los niños, vaya sorpresa!

Después de una vida entera vengo a descubrir en un Uber que los otros voluntariados que hice con niños yo iba siempre en grupo y asumía roles diversos: convocar gente, liderar el grupo de adultos, distribuir tareas, organizar logística…Pero jamás lideré las actividades directamente con los niños… ¿Por miedo? ¿Físico y llano miedo? Pues me tomo más de una década de voluntariados caer en cuenta de esto.

El viaje para llegar allá se me hizo largo, casi hora y media de tráfico, y 33 años de vida. Pero llegue.

Llegue a la Fundación, y entre como entran los valientes: ¡temblando de miedo!

En el sofá nos esperaban sentados 7 niñas y un niño, con un promedio de edad de 5 añitos, pero la más chiquita no alcanzaba a cumplir dos. Y todo lo que era difícil se quedó en el carro.

Tan pronto Domino y yo cruzamos la puerta las niñas brincaron, literalmente, de la felicidad y mi corazón también brincó.

Domino fue la sensación y creo, con pena, que yo también. Es difícil escribir esto último, pero así lo sentí, recibimos ambos tanto amor, todos querían abrazar a Domino, consentirlo, tocarlo y a mí, igual.

¡Me sentí orgullosa de haber tenido la idea de llevar el perrito, realmente sentí cuanto les gusto!

Las niñas se presentaron a toda velocidad, querían terminar de presentarse rápido para mostrarme la casa. En cuestión de segundos tenía una niña cogiéndome de cada mano y las demás a mi alrededor por franca falta de manos, jalándome para iniciar el tour por la casa, me decían “esta es mi habitación, esta es mi cama, esta es la cama de mi hermanita, esta es la cama de fulanita, estos son mis muñecos…” Ocho chiquis de aproximadamente 5 años me hablaban todas al tiempo.

Estaban felices de mostrarme su hogar, amaban su hogar y yo también lo amé en ese instante. Me abrazaban, me pedían mucho que las abrazara, y las abrace con todo el amor con el que yo podía abrazar, querían que las alzara y algunas veces necesite alzar a varias al tiempo, se reían a carcajadas, jugaban conmigo, jugaban con Domino, le daban besos y caricias a Domino y Domino les correspondía…

¡Literalmente unos de los mejores momentos de mi vida!

Preparamos los perros calientes, servimos papitas de pollo y juguitos de varios sabores. Los juguitos se regaron, una de las salchichas voló, las niñas se ensuciaron, la salsa de tomate estaba en todas partes, las niñas se reían, Domino jugaba con ellas y yo también. Era un caos, un perfecto caos.

Me hace pensar en el libro La Cabaña de Paul Young donde Sayaru (El Espíritu Santo) tiene un hermoso jardín de flores silvestres sembradas en desorden. Las niñas de esta Fundación han sido el desorden más bello que haya visto en mi vida.

De repente alce la mirada y vi el nombre de la Fundación escrito en la pared “FUNDACIÓN DANDO CON EL CORAZÓN” y pensé “Que nombre tan bien puesto”

Y así fue como esta visita se convirtió en la mejor vivencia que he tenido en toda mi vida trabajando con Fundaciones después de más de una década de experiencia y 33 años de vida.

Siento mucho que aquel hombre de ojos amarillos no pudiera acompañarme, pero me gusta pensar que todo fue un plan maestro de Dios para llevarme a un lugar al que tal vez no hubiera ido sola, y le agradeceré a ambos toda la vida por ese regalo

El después está construido con dos materiales: la admiración y la invitación.

La admiración por Mamá Jenny, Mamá Gloria y Mamá Sofi, como le dicen las niñas a las 3 mujeres que hacen posible la Fundación Dando con el Corazón. Mamá Jenny es su líder, una mujer joven que decidió dedicar su vida a darles un hogar a los hijos de habitantes de calle y trabajadoras sexuales. Niños que vivían en la calle, con toda el hambre y peligro que la calle trae. ¡Y lo logro! Esto es un hogar, se siente como un hogar, la casa es hermosa, la decoración, cada pequeño detalle, cada cama, cada toldillo, cada peinado de las niñas, cada moñita, cada pijama, cada juguete, cada sonrisa es la sonrisa de un hogar.

Que afortunadas son las niñas de tener este hogar

Que afortunado Domino de recibir tantas caricias de las niñas

Que afortunada yo de recibir tanto amor e innumerables lecciones de vida, y es que hasta ganas de ser mamá me dieron

Que afortunados todos los que vayan, y esa es la invitación.

Vaya,

Usted,

¡El que está leyendo esto, si usted!

Vaya por muchas razones:

La primera, por una razón egoísta:

¡Vaya por usted, vaya a recibir amor, a recibir lecciones de vida, a recordar lo realmente importante!

La segunda, una razón noble:

Vaya a ayudar, vaya a visitar las niñas, a varias de ellas nadie nunca las visita, a otras las visitan poco, vaya y juegue un día con ellas y hágalas reír.

Vaya un día a ayudarles a lavar los platos, o la ropa o a planchar.

Vaya con un buen mercado

Vaya y prepararles algo bien rico de comer, seguro usted hace un mejor menú que yo.

Vaya y leales un cuento, o vaya y lléveles útiles escolares.

Absténgase solo por hoy de almorzar hamburguesa en El Corral y esos $30.000 dónelos para ayudar a pagar algún servicio, el agua, la luz.

Si puede más entonces ayude más, ellas deben pagar arriendo, profes, medicina, colegios. Escoja una forma de ayudar, hay tantas formas como personas en el mundo.

Y no solo vaya, sino que cuéntele al mundo que fue, porque, aunque algunos digan que el voluntariado debe ser algo “secreto” porque de lo contrario es vanidad, en Activistas Constructivos creemos todo lo contrario.

La experiencia nos ha enseñado que el ejemplo es contagioso. En menos de 24 horas de haber llegado de la Fundación, ya 3 personas me dijeron que querían ir a ayudar…

Ahora imagínese si esto se multiplica aún más, ¿Acaso esa no es la idea?

Que uno se convierta en tres, en diez, en veinte…

La Fundación se llama DANDO CON EL CORAZÓN, la encuentra en Facebook, su líder es Jenny, su teléfono es +57 (310) 253-5791. Así que llamé hoy a Jenny, hablé con ella y pregúntele cómo puede ayudar, cómo puede unirse a la causa.

Si quiere ir a otra fundación diferente busque en el Directorio de Fundaciones de Activistas, tenemos más de 100 fundaciones clasificadas en niños, animales, abuelos… con su misión, con la explicación de que necesitan y los teléfonos directos de sus líderes, las encuentran en el siguiente link: http://activistasconstructivos.org/fundaciones/

Navegue en la página, allí encontrará una y mil formas de servir.

Aquí acaba la historia, pero ahora la pregunta que queda es ¿usted que va a hacer? ¿Acepta la invitación?

AUTOR
Karen Manrique Aristizábal

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